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Un tiempo de sequía

Muchos años atrás en la Comunidad de Cauñicu, ubicada en el sur oriente de la VIII Región del Bío Bío, sucedió una historia que todos los antepasados han dicho que fue realidad. Esta historia se llama: Un tiempo de sequía.

Cuentan los antepasados que ese tiempo de verano fue una tragedia y desesperación para los habitantes de la comunidad, ya que, la única fuente de alimentación para las personas y los animales era la agricultura y algunos frutos silvestres. Según la creencia que ellos tenían existía la posibilidad de hacer llover para poder humedecer la tierra y mejorar las condiciones de vida.

Tenían que visitar una laguna, la “Laguna Colorada”, pero ninguno de estos habitantes se atrevía a visitarla, porque se encontraba muy lejos. La laguna era peligrosa y mañosa.

Un día un abuelo llamado Cachito Montoya fue animado por dos caballeros de origen colono, llamados Nar Cruce y Bauta Fuente para que fuera a visitar la laguna Colorada, ofreciéndole ciertos dineros, por lo cual el abuelo aceptó la propuesta sin importar lo que le pudiera pasar.

La laguna se encontraba detrás de tres cordilleras, al norte de Cauñicu. Al llegar don Montoya cerca de la laguna comenzó a observar y vio que al centro del lago figuraba una pista colorada. Era un toro tremendo de color negro. Después de observar un buen rato mando tres gritos con toda su fuerza y empezó a preparase para arrancar de ese lugar. Enseguida comenzó a nublarse, a llover y a correr un viento de remolino fuerte proveniente de la laguna.

Don Montoya logró cruzar la primera cordillera y cuando iba cruzando la segunda lo alcanzó el mal tiempo, el viento fuerte, la lluvia y hasta una nevazón. Al llegar a la tercera cordillera pudo refugiarse en un puesto que tenía una persona para ir a alojar cuando subía en busca de piñones.

Todas las personas de Cauñicu estaban preocupadas por don Montoya, porque al ir a la laguna lo encontró el temporal, y todos pensaban que había muerto en la cordillera. Al siguiente día los caballeros Cruce y Fuente fueron en busca de don Montoya. Llegaron a un lugar llamado Chod Pehuen y vieron el puesto, al cual entraron y encontraron al abuelo Montoya durmiendo. Lo despertaron y lo felicitaron, luego le pagaron su dinero y volvieron a Cauñicu muy contentos.

Relato: José Demesio Maripil
Trascripción: Juan de Dios Maripil


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